Sin noticias del paraíso

En nuestra actual cultura audiovisual, del consumo y del espacio público como decorado, compramos a plazos pedazos de paraísos ficticios en los que construir una existencia idílica.

Intentamos gestionar una personalidad visible hacia fuera con la ayuda de las nuevas tecnologías y de las redes sociales a la vez que nos refugiamos en el anonimato de las grandes ciudades, dando lugar a nuevas formas de soledad, aislamiento e incomunicación.

Vivimos en la sociedad 2.0, la de la intimidad como espectáculo, con cámaras que vigilan nuestras calles para impedir que la diferencia resquebraje una comunidad que reposa sobre un principio de identidad homogénea compartida por la totalidad de sus ciudadanos.

Pasar desapercibido, preferir no ser visto, es un pensamiento que marca muchas de nuestras formas de actuar en las urbes superpobladas consiguiendo que ese anonimato se convierta en invisibilidad social de la diferencia.

Desde una mirada de la vida cotidiana, quiero fotografiar lo que nos iguala y lo que nos hace singulares, la individualidad que se apropia de la ciudad, que la convierte en fragmentada y excluyente. Observar lo precario de nuestras vidas, la mentira que nos rodea.

2012